miércoles, 4 de febrero de 2015

Pernambuco, el Nordeste de Brasil a la medida del ocio


 .Pernambuco, el Nordeste de Brasil a la medida del ocio

Actividades acuáticas en Porto de Gal

Puede que a mediados del siglo XVI, cuando el mar empujó los barcos de un grupo de holandeses algo extraviados hacia las costas del nordeste de Brasil, el paisaje natural les haya agitado la nostalgia por su remota tierra de origen. Mientras eran corridos por los portugueses y los originarios pobladores lupis guaraníes, en Recife se encontraron con tres islas, seis ríos y más de sesenta canales. El panorama desolado que se presentaba ante su mirada -decididamente europeísta- los llevó apresuradamente a considerar esa aldea emergente "La Amsterdam de Brasil". Más adelante, otros pondrían pie allí con la pretensión de haber descubierto la versión sudamericana de Venecia.
Indiferente a la libre interpretación de las comparaciones, lo cierto es que hoy la capital del estado de Pernambuco sigue forjando su identidad nítidamente brasileña en medio de ese enjambre de aguas calmas, que se precipitan con parsimonia en el mar. Cualquier idea que pretenda emparentarla con lejanas comarcas se pulveriza desde el primer instante en que uno empieza a tomarle el pulso a la ciudad. Su maravilloso repertorio de colores vivos, sabores siempre intensos, aromas no menos persistentes y gente de andar despreocupado y cadencioso le otorgan las marcas esenciales.
El Carnaval 2015 está a punto de estallar y los recifenses reunidos en el playón público de Marco 0 cruzan como si nada de la alegría a la emoción, saltan de la nostalgia a la risa más desencajada, animados por la cerveza y la caipirinha. Sus cuerpos se bambolean acompasadamente de derecha a izquierda, ida y vuelta, agitados por las melodías del frevo y el forró. Cada tanto entran en un frenesí descontrolado, contagiados por el ritmo de percusión de los grupos que baten los tambores del maracatú. Nada queda a salvo del temblor que produce la batucada, que también sacude las mesas y los carritos de comidas y bebidas al paso instalados sobre el empedrado de las calles Barón de Río Branco y Bom Jesus. De fondo -por si hiciera falta para dejar en claro los alcances de las fiestas populares en Brasil- tiene cada vez más protagonismo el marco de palmas, gritos, haces lumínicos que caen como flechazos para colorear las cabezas y fuegos artificiales. Desde las voces oficiales, aquí se habla de "preparativos", pero el Carnaval parece ya definitivamente desatado.
Pernambuco, el Nordeste de Brasil a la medida del ocio

El centro urbano de Recife.
Créditos: Embajada de Brasil en Buenos Aires / Martín Mangudo

Un tibio esbozo de calma amaga con apoderarse de la atmósfera de Recife a la mañana siguiente. Pero la música típica de la región vuelve a dispararse al aire desde la playa de Boa Viagem y ahora son los turistas los que se empecinan en reavivar el clima festivo bajo el sol y las palmeras. Se descorrió el velo de la marea alta y el litoral costero revela el conjunto de piscinas naturales que guarda en sus entrañas. El infinito placer que experimentan los que aciertan en recabar con ojos de snorkel ese universo submarino tiene lugar en un escenario claramente delimitado: la larga franja comprendida entre la arena blanca y el cordón recto del arrecife. Del otro lado, donde empieza a perfilarse el gigantesco horizonte del mar abierto, despunta un detalle para tener bien en cuenta y ni pensar en cruzar la frontera del peligro. "Alerta: área sujeta a ataques de tiburones", advierten sin sutilezas los carteles más observados, entre la infinidad de postes, sombrillas y cocoteros clavados en la arena.
Clase magistral

Una comparsa de tamborileros afrodescendientes se apodera de los callejones del casco histórico de Recife y su ensayo de maracatú anticipa al atardecer la fiesta que, se intuye, volverá a convocar a una multitud a la hora de las estrellas. En una de las salas del Centro Cultural Paso del Frevo, la clase dictada por Joao Vieira transcurre en una atmósfera agradable, afín con las formas amables que frecuenta el profesor. "Todo empieza con un simple paso binario: derecha, izquierda, uno, dos y otra vez", explica el especialista los rudimentos básicos de una danza que parece demasiado simple. Sin embargo, la imagen óptima del profesor se desmorona de golpe. Vieira no tiene peor idea que invitar a su clase práctica al grupo de periodistas argentinos. Enseguida descarta el sencillo paso binario y, en un inesperado arranque de picardía, les demanda saltos, contorsiones y piruetas más o menos graciosas que muevan todo el cuerpo sin soltar la sombrilla. En minutos, la prestigiosa academia de frevo se llena de brazadas y patadas al aire, lanzadas sin la más mínima coordinación. Además del maestro, sólo la guía Manoela Frances padece el espectáculo de ese baile decadente.
Las melodías típicas del nordeste brasileño se mantienen encendidas. Ahora acompañan el paseo nocturno de poco más de una hora que realiza el catamarán Tur por el río Capibaribe y sus puentes, desde la isla San Antonio hasta los galpones reciclados del puerto. Una oportuna luna llena y el derroche de luces de la ciudad minimizan los tramos de penumbras que imponen los puentes. Cruzamos por debajo del viaducto 12 de Septiembre y el guía lanza al aire húmedo y templado un sonoro "¡viva Recife!", devuelto por dos torres de 40 pisos -posados como corpulentos vigías junto a un embarcadero- y los pasajeros aplauden entusiasmados.
Cinco minutos después, a la altura de los palacios de Gobierno, de Justicia y Legislativo -revestidos con luces que cambian de color ante el menor pestañeo-, el barco sin techo acelera hacia el túnel oscuro de un puente ferroviario de 1874 y el guía vuelve a soltar su grito triunfal. Pero esta vez ninguna mole se hace eco y la voz desmedida incomoda a las gaviotas antes de ir a parar al agua. Su auditorio, deslumbrado con la fachada del teatro Santa Isabel (de 1854), retacea los aplausos. Para el conductor de la excursión todo volverá a encarrilarse un rato más tarde, cuando llegue el momento de la ovación que premiará el cruce de Macedo, el puente más largo de la ciudad, un gigante de metal y hormigón que se estira 283 metros para unir las dos orillas. El mejor premio para el relator de la navegación se renueva una vez más entre los pilares de un paso ferroviario construido en 1874.
La historia de Pernambuco y su desarrollo social sembraron esta tierra próspera -cubierta de cañaverales- de paradojas y contradicciones irresueltas. Uno de los mayores motivos de orgullo y la página más dolorosa del pasado local convergen en el barrio Imbiribeira. La cachacería Carvalheira revela algunos secretos de la elaboración de cachaca, una tradición centenaria vinculada directamente con la explotación de la caña de azúcar y de los esclavos introducidos desde Africa. Thiago Santos advierte que los tres pasos ineludibles para la fabricación de cachaca son la molienda de la caña, la fermentación en pailas de cobre -un proceso que se extiende entre 12 y 24 horas- y la destilación en alambique. El producto se asienta en barriles de roble francés y luego se vuelca en tanques "de corrección", para unificar el color.
Sobre los campos, los morros y las suaves serranías de Pernambuco florecen ocho variedades de caña de azúcar, todas aptas para fabricar el "vino de caña" improvisado por los conquistadores portugueses entre 1532 y 1548.
Con el creciente aroma dulzón de la cachaca, disparado desde tanques de 150 a 200 litros, aumenta la tentación para llevarse al menos un trago al paladar. Santos detecta a tiempo el deseo que expresan las miradas impacientes de los visitantes y los agasaja con una degustación de caipirinha (cachaca saborizada con lima y azúcar). "El secreto está en quitar el pellejo de la lima y poner poco hielo en el vaso", avisa. Pero ya es tarde: los degustadores se apuraron en dar cuenta de la preciada bebida con un único sorbo, rápido e incendiario.
En Recife no son pocos los que sostienen que la cachaca es tan representativa de la cultura pernambucana como el artista plástico Francisco Brennand, que a los 87 años de edad sigue embarcado en la creación de figuras inanimadas. Es la mejor forma que encontró para inducir a reflexionar sobre el origen de la vida, la evolución y la reproducción de las especies. "Las cosas son eternas porque se reproducen", es la frase de cabecera, simple y enigmática, de este anciano inquieto, que exhibe 3 mil esculturas y placas de cerámica en las cuatro salas y el parque de 21 hectáreas de su atelier y museo, en barrio Varzea.
Figuras de arcilla, barro y cerámica escoltan el Templo del Huevo Primordial, la pieza más llamativa del sendero principal, recortado entre patios, estanques y parcelas de césped cortado al ras. Los jardines -diseñados por el prestigioso paisajista brasileño Burle Marx- imprimen un semblante renovado a las instalaciones de la antigua fábrica de cerámica del padre de Brennand, que funcionó aquí hasta la década del 50. Por estos días, el artista ocupa su tiempo pintando murales. Algunas obras de su colección de 300 pinturas decoran las medianeras de edificios y el aeropuerto de Recife.
El aporte de Brennand a la cultura local tiende un puente desde la zona de la mata atlántica hacia los refugios de otros virtuosos creadores, asentados en la parte alta de Recife. Sobre un promontorio que regala una panorámica inmejorable del mar, el arrecife, la viboreante playa y los edificios de Recife,Olinda se luce ante sus huéspedes con las esculturas en madera y cerámica de Vitalino, un toque delicado entre los souvenires del Mercado de Artesanías Silvia Pontual. A unos pasos, en medio de la profusión de prendas en tela de la galería Sitio das Artes, resaltan los trabajos en renda, tejidos de hilo de algodón que se empiezan a delinear punto por punto sobre moldes de papel manteca.
"En Olinda y alrededores trabajan más de 3 mil renderas", comenta al pasar Shirly Rodrigues da Silva. Una de esas talentosas mujeres, Edit do Nascimento, no levanta la vista clavada en la aguja para recordar sus comienzos, hace cuatro décadas, cuando tenía 4 años de edad y aprendió a tejer imitando la técnica de su madre.
Ciudad colonial

Alrededor de las silenciosas tiendas que cobijan a este puñado de almas perseverantes, Olinda conserva veintidós iglesias y once capillas coloniales, un patrimonio edilicio que los gobernantes portugueses se empeñaron en recuperar después de la invasión holandesa, extendida desde 1630 hasta 1654. La más antigua de esas reliquias es la Catedral da Se, construida con piedras de los arrecifes en 1537. Cada sector del templo pertenecía a una familia influyente de Recife, ya que desde esta plataforma creían asegurarse un lugar en el cielo.
Pernambuco, el Nordeste de Brasil a la medida del ocio
Más sencillo y terrenal, el Convento de San Francisco todavía conserva su altar dorado y paredes ornamentadas con azulejos, una de las más reconocidas expresiones del arte lusitano. Recrean pasajes bíblicos y de la vida de San Francisco de Asís. En el interior del complejo, la historia de la Iglesia de las Nieves y la Capilla de San Roque registra los férreos límites impuestos a los sectores sociales menos favorecidos: los balcones estaban reservados para las familias de los poderosos barones del azúcar; abajo, en la nave central, se acomodaban los portugueses más modestos, mientras los pobladores originarios y los inmigrantes africanos tenían su lugar asignado fuera del templo. Con suerte, alcanzaban a escuchar la misa amontonados en las cercanías del portal.
Precisamente afuera, sobre el empedrado hirviente del mediodía, se oyen los pasos cortos de "Ritinha" (Rita María de Conceicao), una elegante señora de 78 años que carga con dignidad y sin traumas la epopeya de la emancipación de sus antepasados. "Estoy llena de amor", se planta y recita los mejores deseos para los turistas. Su voz gruesa y la sonrisa ancha agitan el collar y el vestido florido, que cuelga de sus hombros frágiles. Todos los vecinos que pasan, de a pie o en vehículos, se detienen para saludarla y ella retribuye cada cumplido con dos besos, sin soltar la sombrilla de colores que la protege.
A la playa con el mejor ánimo

La inesperada aparición de Ritinha es un bálsamo de aire fresco, el preludio más auspicioso posible de una excursión que vincula Recife con Praia dos Carneiros. El balneario nos recibe con una previsible brisa caliente, que acelera la carrera hacia el mar de un grupo de adolescentes enfundados en trajes de neoprén.
El repentino apuro de los surfistas contagia al autor de este relato, plácidamente tirado en una reposera con el cándido propósito de deleitar sus sentidos con la panorámica perfecta del mar. Está por arrancar un paseo en catamarán hasta la desembocadura de los ríos Ariquindá y Formosa y no queda margen para estirar el rato de ocio con sorbos de agua de coco.
Pernambuco, el Nordeste de Brasil a la medida del ocio

Barcazas de Porto de Galinhas que llevan turistas hacia las piscinas naturales.
Créditos: Miguel Igreja

A 20 kilómetros por hora, la lancha acaba de dejar atrás la costa y ya empieza a esquivar los bancos de arena, que vuelven a aflorar en la superficie cada vez que llega la marea baja. Es la señal que esperan los pescadores de cangrejo sirí para meter sus brazos entre las raíces sumergidas y arrancarles a mano el crustáceo adherido. Con la bajante se reduce la suerte de los pescadores de róbalo, sioba y abadejo, que aguardan su momento sin deseperar en precarios botes de colores. La imagen uniforme del frente costero, cubierto de palmeras y posadas con techos de tejas, sólo se altera por la irrupción de la iglesia San Benedicto, construida en el siglo XVIII por la familia portuguesa Rocha Carneiros. El catamarán amarra en una prainha (playita), sugerente escala de veinte minutos para comprobar las bondades de los barros del lugar. Una decena de baldes rebalsados de fango son vaciados por los turistas sobre sus cuerpos, que embadurnan la piel de la cabeza a los pies con más ánimo de divertirse que de aprovechar una sesión terapéutica gratuita. La secuencia de fotos y caminata continúa en un banco de arena, aunque termina a las apuradas un cuarto de hora después, cuando el mar vuelve a elevar su nivel y devora el islote.
La jornada siguiente se vislumbra más afortunada para los visitantes. Esta vez, una jangada (velero de madera) toma distancia de la playa de Porto de Galinhas-atravesada por los ruidos de los buggys que recorren la costa- y diez minutos más tarde los pasajeros desembarcan en la zona de arrecifes de corales. Un sendero marcado por dos líneas de sogas delimita el espacio para caminar en el agua esquivando cráteres, de donde asoman erizos, corales y multitudinarios cardúmenes de peces de colores. Giovana -integrante del equipo de 200 educadores ambientales de la Prefectura Municipal de Ipojuca- saluda con ademanes de típica alegría brasileña sin dejar de controlar a los turistas, para que ni se les ocurra dar el mal paso fuera de los límites permitidos.
A unos 10 kilómetros de allí, en el paraje Pontal do Maracaipe, el aroma de la sal marina da paso al fuerte olor de la materia orgánica que despide el manglar. El río Maracaipe es apenas un escuálido hilo de agua marrón verdosa, que obliga varias veces al jangadeiro Antonio a arrastrar con una soga su chata flotante, con la inestimable ayuda de los pasajeros, que bajan a empujar la barcaza. El trekking en el agua -fuera de programa- permite al guía señalar pequeños agujeros perforados en la arena por cangrejos xie, ostras rojas y cangrejos sirí pegados a las raíces de las plantas. Su charla didáctica cambia decididamente de rumbo cuando detalla su receta para mantenerse en óptimo estado físico y espiritual: "Surfeo desde las 5 hasta las 7 de la mañana, trabajo con la jangada de 8 a 16 y todas las noches me dedico a garotas, fútbol y futvóley".
A 200 metros de la desembocadura del río en el mar, Antonio ordena desembarcar para ir en procura de hipocampos en un montículo de enormes rocas amontonadas. Se sumerge con snorkel y en menos de tres minutos regresa con un minúsculo caballito de mar en la mano. "Son fáciles de agarrar, pero difíciles de detectar", asevera el guía de vida envidiable y a salvo de estrés, mientras devuelve con cuidado la criatura a su hábitat.
Ya de noche, Porto de Galinhas sigue vibrando, aunque la fiesta que anticipa el Carnaval se trasladó de la arena a las calles peatonales, los restaurantes y los bares, copados por la irresistible seducción del forró, la bossa nova y el samba. Sin embargo, la orilla no da indicios de apagar su vitalidad. El golpeteo de los barcos amarrados aporta una suave batucada y en la playa -iluminada por los fulgores de la luna y las estrellas- se enciende la irrefrenable pasión por el fútbol.
OTROS IMPERDIBLES

Museo del Sertao. En este centro cultural, creado en Recife en 2014 para instruir sobre el pasado, la cultura, usos y costumbres de la gente del interior de Pernambuco, se rescata la trayectoria artística del cantante Luis Gonzaga, creador del popular ritmo baión.

Rua do Bom Jesus. 

Popularmente conocida como "La calle de los judíos" o "De los mercaderes", atesora varios lugares históricos de Recife, como Kahar Zur Isreal, la primera sinagoga del continente. Remite a los inmigrantes judíos arribados aquí con los holandeses en el siglo XVII. Sobre Bom Jesus también están ubicados el Museo a Cielo Abierto, la Plaza del Arsenal, la Torre Malakoff (de 1855) y la tienda y museo de muñecos gigantes Embajada de Pernambuco, que atiende Leandro Castro, su creador.

Fernando de Noronha. 

Sus playas agrestes son un paraíso para practicar surf, bucear en el Parque Nacional Marino (santuario de tortugas) y pasear en barco. A 540 km de Recife, el archipiélago está integrado por 21 islas, pero sólo la mayor está habilitada para uso turístico. Reúne posadas, hosterías, lujosos hoteles, restaurantes, sitios históricos y pequeños poblados. En las bahías dos Porcos y de Sancho se aprecian paredes sumergidas de corales. La playa Atalaia ofrece el mejor acuario natural, donde la anguila y el tiburón limón conviven con miles de peces. En cambio, los delfines se observan en Bahía dos Golfinhos.

Nazaré da Mata. 

A 65 km de Recife, diecinueve grupos de agricultores de caña de azúcar se visten en Carnaval a la usanza de los guerreros de lanza y animan en la plaza principal la fiesta de origen africano Maracatú Rural. Para informarse sobre esa tradición conviene visitar el Parque dos Lanceiros y el Espacio Cultural Mauro Mota. Otros atractivos son las artesanías y el turismo rural.

Brejo da Madre de Deus.

 Aquí se levanta Nueva Jerusalén, considerado "El mayor teatro al aire libre del mundo" y construido para la escenificación de "La pasión de Cristo". La visita a esta ciudad se puede combinar con un paseo por la cercana Caruarú (a 138 km de Recife), famosa por la feria que se despliega todos los días en el Parque 18 de Maio, elogiada por numerosos artistas.

Garanhuns.

 También conocida como "La ciudad de las flores" y "La suiza pernambucana", está ubicada a 232 km de la capital estatal. Los visitantes suelen recorrer las principales atracciones (Cristo do Magano, Reloj de las Flores y comunidades quilombolas) en medio de una atmósfera fresca, ya que Garanhuns está edificada a casi 900 metros sobre el nivel del mar. La intensa actividad cultural se refleja en el Festival de Invierno, el Garanhuns Jazz Festival y la Navidad de Sueños.

Tracunhaem. 

Un centenar de artesanos crean piezas de barro, la fuente principal de las expresiones artísticas locales. Sus trabajos se aprecian en talleres, alfarerías, casas, veredas y en el Centro de Producción Artesanal. Los mayores referentes de esta especialidad son Zezinho, María Amelia y Nuca. También se pueden visitar iglesias del siglo XIX y centenarios molinos.


Las siete mejores playas para surfear



Gold Coast, Australia.

De Hawaii a Sudáfrica, y de Indonesia a Australia, los destinos perfectos para desafiar las mejores olas del mundo.
Las siete mejores playas para surfear

El surf es un deporte con cada vez más adeptos. Basta acercarse a la costa atlántica argentina (especialmente Mar del Plata) para encontrar a cientos de fanáticos esperando las mejores olas. Pero en el mundo hay "mecas" para este deporte, esos destinos que los surfers denominan "las mejores olas". Y aunque cada uno puede tener su propio listado de preferidas (las olas más gigantescas, las más largas, las más desafiantes o aquellas que son únicas por su forma, su entorno, sus fondos o la calidad de su agua), hay algunas que son imperdibles:
1. Waimea, Hawaii

La isla de Oahu no sólo es famosa por haber sido el lugar en que se filmó Lost, sino porque una de sus playas de la costa norte, Waimea, es algo así como la "cuna del surf", desde que los primeros y míticos surfers desafiaron sus olas allá por fines de la década de 1950. Las mejores olas, las famosas "big waves", hacen las delicias de surfeadores entre noviembre y abril.
2. Chicama, Perú

Un sitio que mantiene viva la leyenda de la legendaria ola eterna, esa que, de seguirla, llevaría hasta el fin de la Tierra. Una de las grandes olas del mundo nace dos km mar adentro desde el cabo de Puerto de Malabrigo o de Chicama y llega a la costa en un extenso frente que barre todo el litoral y se encadena con una nueva ola para llegar hasta el muelle. Puede medir cuatro metros de altura, pero es famosa por su longitud: es tan larga que pocos logran correrla en toda su extensión.
3. Gold Coast, Australia

Uno de los lugares que hacen que Australia pelee el podio de mayor afición al surf con Estados Unidos. Gold Coast (Costa de Oro o Costa Dorada) es una ciudad y región costera de unos 70 km al sur de Brisbane, en el estado de Queensland. Se dice que aquí se puede surfear en un día lo mismo que en toda una semana en otro lugar del mundo, con olas de hasta 500 metros de recorrido, cuatro puntos de colosales rompientes y hasta una ciudad llamada Surfers Paradise.
4. Mavericks, California

Está en un pequeño poblado sobre la bahía de Half Moon, al norte de San Francisco. Y dice la historia que su nombre proviene del perro de uno de los tres surfistas que se les animaron a sus olas en 1969. Este sitio de olas son enormes, especialmente en invierno, organiza el Mavericks Invitational, uno de los eventos más importantes del circuito mundial de surf de ola grande, en el que participan sólo 24 surfers invitados.
5. Jeffreys Bay, Sudáfrica

La energía que genera el encuentro de los océanos Atlántico e Indico influye para generar potentes olas en esta playa cercana a Port Elizabeth. En la bahía se unen corrientes cálidas del Indico con aguas frías del Atlántico, lo que crea condiciones muy particulares. Tiene varias rompientes, pero los campeonatos mundiales suelen ser en Supertubes, donde se filmó el clásico de las películas de surf: Endless Summer, estrenado en 1968.
6. Lagundri Bay, Indonesia

La costa sur de la isla de Nías alberga una serie de hermosas bahías, entre las cuales, a ojos de buen surfer, sobresale la de Lagundri, por las características de sus fondos y salientes. Entre marzo y octubre, el lugar regala olas perfectas en continuado, que alcanzan los cinco metros en plena temporada (mayo a septiembre).
7. Mundaka, España

Entre las playas del País Vasco, la de Mundaka es especial para los surfers porque ofrece la que está considerada para muchos la "mejor ola de izquierda del mundo". La ola nace en la barra de Mundaka y termina en la playa de Laida, se forma con vientos del sur-suroeste y puede alcanzar los cuatro metros de altura y 400 de largo, con forma de tubo. Mundaka acoge anualmente competiciones a nivel internacional y en nueve ocasiones fue sede del Circuito Mundial.


martes, 3 de febrero de 2015

Futaleufú, aventuras en ríos y montañas



.Futaleufú, aventuras en ríos y montañas

La vista desde Uman Lodge.
Créditos: Uman Lodge

Lo primero que impresiona es el camino. Ya en Esquel las montañas dominan el paisaje y en Trevelin los bosques comienzan a hacerse más densos. Pero en pocos km todo cambia abruptamente: ni bien cruzamos la frontera y circulamos por la ruta 231, en el sur de Chile, el verde estalla. Los bosques de ñires y coihues tapizan las laderas de las montañas con cumbres nevadas, y los ríos, caudalosos y cristalinos, se despeñan de las cumbres atravesando impresionantes cañadones de piedra. En medio de este paisaje de cuento aparece el pueblo de Futaleufú, pequeño, simpático, súper pintoresco desde su plaza central, y la sorpresa es aún mayor cuando tomamos el desvío de la ruta para ingresar al fundo La Confluencia. Luego de cruzar plantaciones de cerezos a cuya sombra se refugian vacas, ovejas y alpacas sobre interminables praderas verdes, el camino trepa empecinadamente la ladera para alcanzar su objetivo: Uman Lodge, un hotel ubicado en un lugar imposible, al borde de un acantilado desde el que se contempla todo el valle, las montañas con nieves eternas, los bosques de pinos y coihues, la unión -confluencia, de allí el nombre del fundo- de los ríos Futaleufú y Espolón.
Llego para vivir una experiencia, la "Experiencia Uman", que se basa en los servicios y el confort de este impresionante hotel en este lugar irreal, inseparable del entorno. El lodge -cuyo nombre significa "alojarse" en mapudungún, lengua mapuche- está en medio del fundo de casi 500 hectáreas (así se llama en Chile a una explotación agrícola intermedia entre una hacienda y una chacra), en el que se cultivan cerezos y frambuesas, hay una huerta -de la que salen, por dar un ejemplo, unos tomates increíbles- y se cría ganado. Aquí, la contemplación de esos paisajes que sólo parecen posibles en fotos trucadas encuentra una combinación perfecta con una impresionante paleta de sabores (ver La buena mesa), un spa de primer nivel -jacuzzis privados en las habitaciones- y la propuesta de distintas actividades de aventura, entre las cuales sobresalen sin dudas el rafting y el kayak en los ríos Azul, Espolón y Futaleufú, este último, clasificado entre los tres mejores del mundo para la práctica de rafting junto al célebre Zambezi, que atraviesa diez países de Africa, y al Colorado, en Estados Unidos.
Pero la propuesta también incluye caminatas por senderos en el bosque y las montañas, cabalgatas, mountain bike, canyoning en quebradas y cañones, pesca con mosca, montañismo u observación de flora y fauna, especialmente en la Reserva Nacional Futaleufú, que se encuentra casi sobre el límte con Argentina y cuyo objetivo principal es proteger a los huemules y a los cipreses de la cordillera entre otras especies.
Y a menos de 80 km pasa la bellísima ruta 7 de Chile, más conocida como la Carretera Austral, que en sus 200 km desde Puerto Montt en el norte hasta Villa O'Higgins en el sur, serpentea entre bosques, ríos, cascadas, lagos, fiordos, montañas y glaciares. Una de las grandes rutas escénicas del mundo.
La buena vida de febrero

Pero comencemos a bajas revoluciones: mientras recorremos la plaza central de Futaleufú, el guía Nicolás Moraga me explica que en el lugar -que fue totalmente renovado hace dos años- se hacen eventos municipales para celebrar distintas fiestas y especialmente el comienzo de la temporada de rafting, estrella del lugar. Una caminata de no más de 20 minutos nos lleva al Mirador del agua: el pueblo a nuestros pies, los ríos a la izquierda, allí nomás el aeródromo en el que suelen bajar avionetas privadas con fanáticos de la pesca que llegan de otras latitudes; a nuestras espaldas, la Reserva Nacional y el límite con la Argentina; y todo alrededor, las montañas y los bosques. Justo enfrente vemos el cerro Teta, de más de 1.800 metros, desde donde, dicen, la vista es impagable. Bueno, desde allí también, en todo caso.
Bajamos y recorremos el pueblo, que a mediados de diciembre aún está semidesierto, aunque comienzan a verse algunos extranjeros que se preparan para la temporada -llegan muchos europeos y sobre todo estadounidenses para desafiar a estos ríos-. Futaleufú -"río grande" en mapudungún- tiene poco más de 2.000 habitantes, pero la cifra prácticamente se duplica cada verano. "El lugar creció mucho en los últimos años y cuenta con todos los servicios: Internet, restaurantes, casa de cambio, cabañas, camping, hostels y hoteles para todos los gustos y precios", cuenta Nicolás mientras pasamos por la catedral, un bellísimo ejemplo de la arquitectura típica de Chiloé, que también se ve por estos pagos y que combina rasgos alemanes con materiales locales, como chapas y, sobre todo, mucha madera. Y paredes tapizadas con tejuelas de alerce y coihue, como éstas de la catedral.
Cerca está el Rodeo, una especie de pequeña plaza de toros en cuya arena se celebra cada febrero la Semana de Futaleufú, con torneos de doma, conciertos y actividades varias. "Viene mucha gente del campo y el lugar se llena de locales y turistas, hasta en los cerros. Hay muchos puestos de comida, mucha música; es una fiesta costumbrista de verdad, muy auténtica", cuenta Nicolás. Y agrega que luego de esta celebración se hace el Futafest, un festival-competencia de rafting y kayak que reúne a más de 100 remadores de varios países. Por todo esto, febrero es el mes clave en la temporada de Futa, como le dicen al pueblo por aquí: "Se vive acá muy bien en febrero", resume el guía con precisión.
Pero llega la hora del almuerzo, que se torna un evento impedible en Uman, sazonado por la vista inagotable del valle allá abajo y las montañas que lo rodean. Y luego, una salida de canopy: en la laguna propia del lodge, y de la mano de Patagonia Elements, "volamos" en un circuito de seis cables a distintas alturas, un circuito que suma en total 600 metros y cuyos cables pasan a varios metros sobre las aguas. Las instalaciones y el equipamiento son nuevos y de alta calidad, y la experiencia es altamente recomendable para elevar los nueves de adrenalina. Cerca está el circuito de arborismo, que permite recorrer las copas de los árboles a través de senderos elevados, cuerdas y redes. Para pasar una buena tarde de aventuras en el bosque.
En bici al Pozón de los Reyes

Comenzar la mañana con una buena caminata no está nada mal para activar el cuerpo y relajar la mente. Por eso, entre los varios senderos disponibles desde el hotel elegimos el de los miradores, que va bajando la ladera desde el lodge hasta el galpón, pasando por la huerta y la quinta. Allí nos esperan dos mountain bikes con las que pedaleamos ladera arriba y abajo, cruzamos el pueblo y seguimos por la ruta hasta el desvío al puente Gelvez, donde el río se encajona en un espectáculo verde y espumoso. Pedaleamos un rato más cuesta arriba hasta dejar las bicis en el bosque para acercarnos a los impresionantes acantilados de piedra que aprisionan al río Futaleufú allá abajo, haciéndolo correr con furia y de rápido en rápido hasta relajarse en el remanso del Pozón de los Reyes, donde los cañadones y la vista se abren hacia el valle y las montañas. Un espectáculo.
Pero volvemos pedaleando a buen ritmo para disfrutar de un almuerzo especial preparado por el chef Lucas Trigos Foussadier en ese sector del fundo La Confluencia que bien llaman La playita, en un recodo en que el río parece tomar coraje para adentrarse en el Cañón del infierno, entre altos paredones de piedra. Sobre el fogón, Lucas improvisa una parrilla con ramas y cañas que sostienen un costillar y un lomo de cordero. No encuentro las palabras para explicarles el sabor de esa comida de los dioses, que disfruto en un gazebo mientras miro correr el río cristalino y saboreo un buen tinto chileno - carmenere, claro-. Un momento de esos que no se olvidan.
Y si la pedaleada me agotó y el cordero me impide seguir con la aventura, allí está el spa: sauna seco y húmedo, piscinas climatizadas interna y externa, jacuzzi exterior y gimnasio, todo con una vista increíble, además de salas de masaje para relajarse o descontracturarse.
Pocos días después de esta visita se lanzó la temporada a pleno, y los botes y kayaks iniciaron sus interminables y divertidísimos descensos por los ríos cordilleranos. Sobre todo en el "puente a puente", el tramo más habitual para los turistas, con rápidos de clase IV y IV+. Pero también en "Azul-puente" y "Azul-Macal", donde los rápidos llegan a clase V.
Queda hecha entonces la promesa: hay que volver para deslizarse sin parar sobre las aguas rápidas y cristalinas de Futaleufú, una de las zonas más espectaculares de la Patagonia.


5 escapadas de verano



Salidas cortas, sencillas y accesibles para pasar el verano en la provincia de Buenos Aires.
5 escapadas de verano

Balneario municipal Baradero.

Las siguientes son cinco propuestas de salidas cortas, sencillas y accesibles, recomendadas para pasar el verano en la provincia de Buenos Aires.
·  Balneario Municipal (Baradero)

El lugar ideal para combinar descanso con recreación. Tiene una pileta de agua salada con piso de arena, toboganes de agua, cabañas, lago, 600 metros de costa para pescar, proveeduría y bajada de lanchas.
Cuánto cuesta. Entrada, $ 50; de 6 a 10 años, $ 30; hasta 5 años, gratis; auto, $ 40; carpa, $ 50; dormy para 3 personas, $ 250; dormy para 4 personas, $ 350.

Dónde queda. A 155 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por ruta 9 Panamericana; dos peajes, $ 23. Minibús Vía Scianca desde Corrientes y Boulogne Sur Mer (Bs. As.) hasta Baradero, $ 120 ida (03329- 48-2122/15525495).

·  Hotel Terrazas Cayastá (Reta)

Un magnífico balcón instalado sobre una duna, con una espectacular vista al mar. Las 12 habitaciones y 4 apartamentos se levantan sobre una duna en Reta, en el partido de Tres Arroyos.
Cuánto cuesta. Habitación doble con piscina, TV cable, wi-fi, espacio para mascotas e hidromasaje, $ 1.380. De Lujo, $ 1.765; triple, $ 2.645; apartamento para 4, $ 2.900. Dónde queda. A 577 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por Riccheri, Autopista a Cañuelas y ruta 3; desde Tres Arroyos, seguir 38 kilómetros y desviar a la izquierda por el camino a Copetonas; 5 peajes, $ 39.

·  Restaurante de campo La Lechuza (Navarro)

En el quincho de este antiguo almacén rural -donde se corrían cuadreras y también funcionó una posta de vascos tamberos- se degustan exquisitos platos caseros.
Cuánto cuesta. Tenedor y canilla libres (recepción empanadas, pollo al horno de barro, ravioles, flan, bebidas, mate cocido, café y pasteles), $ 220; de 4 a 11 años, $ 100. Dónde queda. A 139 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por Riccheri, Autopista a Cañuelas y rutas 6 y 40 (ex 200); dos peajes, $ 16. Opción: Acceso Oeste y ruta 40 (ex 200) desde la estación Merlo; peaje, $ 15.

·  Hotel y spa Costa Galana (Mar del Plata)

Lujo, glamour y servicios de gran categoría en Playa Grande, la zona más aristocrática de la ciudad. Ofrece exquisitos platos en los restaurantes La Bourgogne y La Terraza -junto a la piscina- y servicios de spa con vista al mar.
Cuánto cuesta. La noche por persona con desayuno, spa, TV cable, wi-fi, piscina climatizada y gimnasio, $ 1.514. "Relax y armonía", $ 1.308 por persona.

Dónde queda. En Bulevar Peralta Ramos al 5.700, a 410 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por Autopista a La Plata y ruta 2; cuatro peajes, $ 90. Llegan Aerolíneas desde Aeroparque, buses desde Retiro y el tren desde Constitución.

·  Posada rural Chambery (Capitán Sarmiento)

Este magnífico lugar para descansar y estar en contacto directo con la atmósfera rural fue creado en la antigua casona del casco de uno de los primeros viveros de la provincia de Buenos Aires.
Cuánto cuesta. Habitación doble con TV cable, wi-fi, desayuno, pileta, cabalgata, bicicleta y 9 hoyos de golf, $ 600; habitación triple, $ 800; habitación cuádruple, $ 1.150.

Dónde queda. A 144 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires por ruta 8 (Panamericana ramal Pilar); 3 peajes, $ 28. En Capitán Sarmiento, recorrer tres cuadras por 29 de Junio y girar a la izquierda por Mitre hasta la altura 1.500.


Propuestas gratis en Miami

Desde opciones culturales hasta clases de yoga, esta ciudad de Florida ofrece mucho más que compras, gastronomía y vida de playa.
Propuestas gratis en Miami

Panorámica de las playas de Miami.

En el sur del estado de Florida, Estados Unidos, Miami ofrece actividades para todos los gustos. Aquí, propuestas para disfrutar la ciudad sin pagar un dólar.
Art Decó Tours.

 Hay caminatas gratuitas para descubrir uno de los estilos arquitectónicos que distingue a Miami Beach con sus colores pastel, círculos y siluetas futuristas. El circuito comienza en Ocean Drive, donde se encuentran los hoteles Clevelander, Breakwater y Carlyle. Las avenidas Collins y Washington y la Lincoln suman edificios. Miami Design Preservation League (www.MDPL.org) ofrece datos para detectar rasgos del estilo e informarse sobre visitas guiadas.

Art Walks.

 Arte callejero, piezas históricas, muestras contemporáneas: casi todas las semanas hay una caminata -con algunas copas de vino- para fanáticos del arte. La página www.artcircuits.com ofrece programas actualizados y horarios. El más popular es el segundo sábado de cada mes en Wynwood Arts District y el Design District. Con galerías y locales abiertos hasta tarde, Wynwood Art Walk también tienta.

Museos. 

Todo museo tiene su día de entrada gratuita. El Wolfsonian-FIU Museum es gratuito todos los viernes después de las 18. El Pérez Art Museum está abierto a todo público el segundo sábado de cada mes de 13 a 16. El Museum of Contemporary Art ofrece jazz en vivo gratuito en la plaza a las 20, el último viernes de cada mes. El History Miami Museum es gratis también el segundo sábado de 13 a 16. Atención familias: el Miami Children's Museum tiene entrada gratuita el tercer viernes de cada mes de 15 a 21. Freedom Tower ofrece exhibiciones gratis, mientras que el Adrienne Arsht Performing Arts Center ofrece tours gratis lunes y sábado a las 12, para disfrutar el detrás de escena.

Yoga en el Downtown.

 Clases de yoga gratis lunes, miércoles y sábados en el Bayfront Park ubicado. También hay clases gratuitas los sábados a la mañana en Coconut Grove en el Parque Kennedy y los miércoles/sábados por la noche en el Margaret Pace Park.


7 destinos de luna de miel


Playas con arena blanca y mar turquesa, islas paradisíacas y hoteles all inclusive figuran entre las opciones preferidas para disfrutar la luna de miel. Además, ciudades románticas de Europa y paisajes de ensueño en la Patagonia.
7 destinos de luna de miel

Aruba

Hay parejas que planifican cada detalle de su casamiento durante un año o más tiempo, y están quienes eligen su indumentaria pocos días antes de su paso por el Registro Civil y organizan un almuerzo sencillo sólo para los íntimos. Sin embargo, para unos y otros -aun los que ya están conviviendo y consideran que nada cambiará demasiado después de "firmar"-, el casamiento suele generar estrés y agotamiento.
Otro punto de coincidencia importante se encuentra en el lugar destacado que se le otorga a la luna de miel porque, si se planea con un margen de tiempo generoso, el precio tiende a ser más accesible. Los operadores turísticos y las agencias de viaje coinciden en que la mayoría de los recién casados busca playas de arena blanca y aguas cálidas y turquesas, con buen tiempo asegurado y hoteles all inclusive. Pero también muchos se inclinan por visitar ciudades europeas de belleza infinita, como Venecia y París, o disfrutar unos días en una cabaña acogedora o un hotel con servicios de alta gama entre los paisajes de postal de la Patagonia.
Es que en el imaginario de la mayoría de las parejas la luna de miel continúa siendo sinónimo de descanso en escenarios románticos.
1. Cancún & Playa del Carmen. 

En el estado de Quintana Roo, en México, Cancún no defrauda a quienes no quieren hacerse problema por nada. Allí encontrarán hoteles con servicios all inclusive con sus propias playas, gastronomía internacional y excursiones. Por ejemplo, la isla Mujeres se encuentra justo enfrente de la seguidilla hotelera de esta ciudad, que tiene aeropuerto internacional.
Siempre sobre el mar Caribe, está también la convocante Playa del Carmen. Al sur de Cancún y cerca de la isla Cozumel (meca mundial del buceo), esta ciudad se distingue porque tiene un centro colorido y animado con restaurantes, bares y hoteles de distinta categoría. Por supuesto, hay muchos all inclusive en la zona y las excursiones son numerosas y variadas en toda la Riviera Maya. Arrecifes y cenotes a lo largo de la parte oriental de la península de Yucatán, el parque Xcaret, Xel-Há y las ruinas mayas de Tulum (únicas frente al mar) y Cobá, por sólo nombrar un puñado.
2. Aruba.

Es uno de los destinos más buscados para casamientos y lunas de miel. La pequeña isla se encuentra en el Caribe Sur, alejada de la franja de huracanes y con temperaturas elevadas durante todo el año. País autonómo del Reino de los Países Bajos, formó parte de las Antillas Holandesas hasta 1986 y sus habitantes hablan holandés, español, inglés y papiamento.
Con áreas desérticas, cuevas, abundancia de aloe vera y playas soñadas, Aruba tiene muy buena infraestructura turística y comercial, incluyendo tiendas de marcas internacionales, restaurantes, bares y casinos.
3. La Habana & Varadero. 

La capital de Cuba y la ciudad balnearia más famosa de la gran isla del Caribe conforman el paquete clásico que venden las agencias porque combina un par de días para visitar el bello centro colonial de La Habana y varias jornadas para descansar en la playa en un hotel de lujo con todos los servicios incluidos. Por supuesto, también hay otras ofertas, que incluyen los cayos María, Coco o Largo, más solitarios y tranquilos.

4. Costa do Sauípe. 

Se trata de uno de los complejos turísticos privados más completos del Nordeste de Brasil. A dos horas de Salvador de Bahía, comprende cinco hoteles y otras tantas posadas que funcionan con la lógica de una ciudad en miniatura. Abundan las piscinas y actividades como golf y tenis, pesca en un lago artificial, kayak, tirolesa, cabalgatas o relax en el spa. Tiendas, restaurantes, espectáculos en vivo y discotecas abiertas hasta el amanecer completan las propuestas de la vida de playa all inclusive.

5. Venecia. 

Qué decir de la mágica Venecia, la ciudad de Italia -y del planeta- que todos los mortales quieren conocer. Con sus callecitas y canales, iglesias y palacios, puentes y plazas, Venecia es romántica y conmovedora (aunque también, hay que decirlo, muy turística y bulliciosa por momentos).
Un paseo en góndola, la visita al Palacio Ducal, un spritz en alguno de los cafés emblemáticos de la Piazza San Marco y la impactante basílica son algunos de los placeres inolvidables de todo viaje a Venecia. Y mucho más, si es la luna de miel.
6. Polinesia Francesa. 

Es la postal del paraíso por excelencia. Tahití y su capital Papeete, con mercados pintorescos, danzas típicas y paseos por el puerto; así como Raiatea, Bora Bora y Moorea son las islas más famosas e ideales para conocer en pareja. Hay hoteles que ofrecen paseos en barco, cenas en la playa y habitaciones con el suelo vidriado, donde se observa la fauna marina. Un mundo submarino que también se contempla al nadar en las aguas calmas y transparentes, y al practicar snorkel o buceo entre las barreras de coral.

7. Bariloche & Villa La Angostura.

 Una buena combinación para disfrutar de la Patagonia argentina. En Río Negro, San Carlos de Bariloche ofrece todas las comodidades de una gran ciudad turística con un excelente circuito gastronómico (ahumados, frutos rojos, chocolates y cervezas artesanales son algunos de sus puntos más fuertes), paseos relajados (con días de playa incluidos en verano, junto al lago Nahuel Huapi) y opciones de aventura (trekking, escalada y mountain bike).

Para una pareja que celebra su luna de miel, lo ideal es alquilar un auto y recorrer toda la zona hasta llegar a Villa La Angostura, en Neuquén, más tranquila y exclusiva. Con cerros para esquiar en invierno o realizar actividades programadas cuando hace calor y lagos de diversas tonalidades, tanto Bariloche como Villa La Angostura brindan la posibilidad de alojarse en una cabaña de madera acogedora o en un hotel icónico, como el Llao Llao o el Correntoso.