sábado, 14 de febrero de 2015

La Antigua Guatemala y la fotografía nocturna


Imagen por fotosdeguatemala.com

Sin duda con una gran variedad de tesoros arquitectónicos famosos, Antigua Guatemala ofrece excelentes oportunidades fotográficas para el aficionado y profesional. Sus calles empedradas y la arquitectura colonia brindan un sin fin de detalles.

Los monumentos y patrimonios ubicados en La Antigua Guatemala cuentan con una iluminación que ofrece vistas interesantes para los visitantes y fotógrafos. Vale la pena recorrer a pie las calles para encontrar una buena fotografía. Desde fuentes hasta iglesias, los detalles están a la orden del visitante.

Comenzando por el clásico Arco de Santa Catarina que adorna elegantemente la calle, antiguamente comunicaba dos partes del convento del mismo nombre y ahora se conserva como patrimonio histórico y es ya una imagen clásica del lugar.

A lo largo de dicha calle se puede contemplar la arquitectura colonial de los restaurantes y casas que conservan una línea tradicional. Al final se alcanza la Iglesia de La Merced.

El Parque Central

Foto cortesía de fotosdeguatemala.com

Aqui, se puede disfrutar de una excelente vista de la fuente y es un punto importante de socialización local.

Diariamente este parque es visitado por gran cantidad de turistas y locales. Sus bancas han sido testigos de un sin fin de visitantes.

Es clásico encontrar grupos de jóvenes haciendo música con instrumentos propios de Guatemala o incluso música andina.

Los indígenas comercian aquí con recuerdos y telas coloridas de alta calidad que son un perfecto regalo o recuerdo para quien visita. Igualmente se puede encontrar juguetes de madera manufacturados por los locales y las clásicas lagartijas de esponja.

Es importante, como en cualquier gran ciudad, mantener un bajo perfil en cuanto al equipo fotográfico y ser cuidadoso al transitar con la cámara para evitar llamar la atención.


Frente al Parque Central, a un costado de la Catedral, se encuentra el Palacio de los Capitanes.


Su arquitectura ofrece interesantes vistas y arcos para el fotógrafo aficionado y profesional. Durante los últimos años se ha imprementado una iluminación que añade vistosidad al monumento.



Sus paredes cuentan con carteleras de arte y noticias de eventos a realizarse en La Antigua Guatemala y frente a sus arcos suelen estacionarse las carretas haladas por caballos y que ofrecen paseos en los alrededores.



La Antigua Guatemala se encuentra a 45 minutos de la Capital. Se debe tomar el camino hacia la Carretera Interamericana y seguir las señales. Unos 200 metros después de San Lucas se cruza hacia la derecha en el puente y el camino desde ahi lleva directamente hacia el lugar.

Foto cortesía de fotosdeguatemala.com

viernes, 13 de febrero de 2015

Visita a los Cuchumatanes


Foto cortesía de fotosdeguatemala.com

Los puntos montañosos más altos de Guatemala residen aquí. Los paisajes y vistas de los valles son algo verdaderamente impresionante.

Los paisajes aquí en Huehuetenango rompen con lo tradicional visto en Guatemala y hacen que uno sienta que está fuera del país.

Llegué a Huehuetenango con muchas expectativas pues había recibido comentarios de su paisaje rocoso, excelente para la escalada en roca y practicar boulder. Las formaciones rocosas a la orilla de la carretera son muy llamativas y abundantes.

Visita a los CuchumatanesEl viaje es largo pero la espera es algo que vale la pena. Es un lugar limpio donde la densidad poblacional hace posible que en el campo y montañas, cada vecino esté a cientos de metros de distancia. 

Aún queda mucho bosque virgen y el clima templado-frío hace agradable la estancia.


Tomamos la Carretera Interamericana, dirigiéndonos a Quetzaltenango, en donde hicimos una parada para escalar en Cerro Quemado, practicar un poco de boulder, comprar provisiones para el resto del viaje y descansar un poco. 


Acampamos ahi y continuamos al otro día, sin embargo, desde el desayuno ya estábamos completamente ansiosos por llegar a Huehuetenango y buscábamos las montañas rocosas que se ven como siluetas en el paisaje lejano, visto desde uno de los puntos altos de Cerro Quemado. El frío en Xela no fue mucho y nos hizo bastante agradable la noche para poder prepararnos y continuar.



Aquí escalamos duro pero considerando guardar energías para la tierra del boulder. Y no nos equivocamos, realmente es la tierra del boulde
r.

Al fin llegamos

 Visita a los Cuchumatanes

Soy fotógrafo empedernido, sin embargo al llegar a Huehuetenango hice una excepción sobre tomar fotografías..., seguimos directo hacia las montañas sin hacer paradas pues la ansiedad tocaba a la puerta.


Existen muchos lugares y aspectos arquitectónicos por capturar en fotografía, sin embargo nuestro viaje era de montaña y quisimos evitar lo más posible la ciudad y sus comodidades, al igual que cualquier contacto que no fuera con la naturaleza.



Comenzamos el ascenso por la carretera hasta el mirador y fue ahi donde nos detuvimos un momento para apreciar el paisaje, tomar unas cuantas fotos y sobre todo, apreciar los primeros muros de roca que se divisaban en el paisaje. Fue interesante observar desde ahi el curveado camino que llevábamos recorrido.

Chiaval

 Visita a los Cuchumatanes

Llegamos a Chiaval, donde acampamos e hicimos un poco de boulder. El paisaje era limpio y agradable, con Piedras Cuaches al fondo, otro destino de escalada que visitaríamos en otra ocasión.


Observamos un atardecer de tonos saturados en rojo y azul y esperamos al día siguiente dentro de las carpas.



Cuando nos preparábamos a entrar a dormir pudimos constatar que había hielo formado en la superficie de las carpas... 



Llevaba un termómetro electrónico y lo dejé en la orilla de la carpa para constatar la temperatura y alcanzamos los 3 grados centígrados bajo cero y no fue fuera de la carpa... Si así fue dentro de una carpa de dos estaciones, no quisiera tener que dormir a la interperie.



Es un frío que recordaré bastante tiempo... Es importante llevar ropa de algodón y vestimentas aislantes.

Ascenso por las Ventosas

 Visita a los Cuchumatanes
Finalmente, al otro día, llegamos a las Ventosas, un pequeño poblado ubicado en el valle al pie de las montañas.


Iniciamos el ascenso en un 4x4 pues es imposible realizarlo de otro modo y caminando nos tomaría demasiado tiempo.



Luego de talvez una hora de ascenso llegamos a una planicie en la cual comenzamos nuestro camino para buscar un lugar en el cual acampar.



Estábamos ya en uno de los puntos más altos de Guatemala (no volcánico) y la altura ya se hacía sentir. Todos deportistas y sin embargo percibimos la agitación en las palpitaciones cardiacas y la respiración alterada. 



Es importante mantenerse BIEN hidratado pues el organismo hace un esfuerzo por aclimatarse. Los labios secos y agrietados ya son señales de deshidratación tardía... y seguro dolor de cabeza.


Esperamos el atardecer y la vista nos dejó totalmente sin palabras.


Contaba ya con muchos ascensos a volcanes, todos con amaneceres y atardeceres impresionantes... pero los colores y nubes que pude ver desde los Cuchumatanes son algo que permanecerá en mi top 10 de recuerdos durante mucho tiempo.


Realmente sentí alegría y pena a la vez. Alegría por ser afortunado y poder contemplar el país donde vivo. Y pena y tristeza al saber que muchas personas en Guatemala pasarán por la vida sin ver algo remotamente parecido, y que en el futuro todo esto cambiará y probablemente no queden muchos árboles qué ver.



El rojo-naranja del atardecer le agregó dramatismo a lo que pensaba en ése momento. Ahora teníamos la ansiedad de saber cómo sería el amanecer.



La noche fue fría y tuvimos un poco de problema para conciliar el sueño. La altitud se hizo sentir, al igual que el frío, que alcanzó otra vez, varios grados bajo cero.



Al siguiente día, desde las carpas esperábamos los primeros indicios del amanecer, y a los primeros rayos de luz dimos la alarma y salimos rápidamente a alcanzar las cámaras y comenzar el ascenso del lugar en el que estábamos.


Visita a los CuchumatanesSubimos corriendo y fue agotador dada la altidud. Llegamos a la cima y vimos hacia el otro lado, alcanzando a ver una impresionante línea del horizonte curveada.



Se observaban las cimas de varios volcanes: Acatenango, Fuego, Agua, Santiaguito, Tacaná, Tajumulco y la cordillera montañosa.



El silencio se hizo presente de nuevo y luego de varios minutos comenzamos el descenso. Habíamos cumplido con nuestro afán de visitar los Cuchumatanes.



Luego de recoger todo el campamento, bajamos al pueblo de nuevo y desayunamos finalmente (como a las 10:30AM). 



Y aunque queda la satisfacción y lo apremiante de ver todo esto, queda también una sensación de inconformidad, pues ninguna charla o fotografía logrará capturar y relatar lo que vimos ahi. Es algo que se debe contemplar con los propios ojos.



Luego consideré de nuevo a todos los que buscan bellezas en otros países argumentando que acá hay poco qué ver... y me di cuenta de lo equivocados que están... y que este es solamente uno de los TANTOS lugares por visitar. Sin duda tenía muchos viajes qué planificar.

Las playas de Brasil que debes de visitar



Brasil es reconocido a nivel mundial por ser el pulmón más grande que tiene el planeta, me refiero a la selva Amazonas, pero no es lo único que se destaca de este país sudaméricano, también es reconocido por tener cinco campeonatos de fútbol a nivel internacional, entre otros reconocimientos.

Pero Brasil también tiene sus propios atractivos turísticos, entre los cuales destacan sus playas, su ubicación geográfica permite tener obras de artes hechas por la naturaleza, para deleite de todos los turistas presentamos cuatro de las mejores playas de Brasil.

Fernando de Noronha

Fernando-de-Noronha 
Un lugar que en la antigüedad fue habitado por holandeses, portugueses, ingleses y franceses, se trata de una de las playas más paradisiacas de toda Sudamérica, aunque en realidad se trata de un archipiélago que está formado por cerca de 21 islas, destaca por tener aguas cristalinas hasta azul turquesa. En esta playa se pueden realizar actividades como el buceo, veleo o esquí acuático, además de que es perfecto para una luna de miel y el ecoturismo, destaca laBahía do Sancho.

Espelho 
 Espelho
Nuestra siguiente playa tiene algo muy particular que la distingue del resto, tiene aguas con una tonalidad azul muy fuerte pero que a su vez son cristalinas, además se combina perfecto con la arena dorada de la playa, es de fácil acceso mediante el aeropuerto de Porto Seguro.
Un lugar atractivo para pasar unas vacaciones agradables, es seguro y tiene un clima agradable.
Maceio

Un sitio un poco más colonizado, me refiero sobre todo, porque encontraras casas muy cercanas a la playa, todos los servicios que necesites ahí te los proporcionan, disfrutas de platillos muy ricos preparados con pescados y mariscos de la región. Es la capital de Alagoas, entre las playas más destacadas de esta zona encuentra la Gunga, Praia do Carro Quebrado y Maragogi, puedes llegar a ellas utilizando las jangadas (embarcaciones de la región).

Florianópolis
 Florianópolis
Ya por último, entre las mejores playas de Brasil encontramos Floriánopolis, un paraíso brasileño, tan solo en Floripa podrás encontrar grandes mansiones y playas tales como Lagoinha de Lesto o Saquinho, una de las actividades que más se practica es el surf.
Ahora ya tienes unos destinos más para agregar a tu lista de lugares pendientes por visitar.


martes, 10 de febrero de 2015

Vacaciones en las Islas Cayman


Vacaciones en las Islas Cayman
Una de las mejores del Caribe, “Seven M

Escapada ideal para quienes viajan a Miami (está a una hora de vuelo) y buscan conocer un nuevo destino con playas de aguas claras, tranquilas y transparentes, Islas Cayman busca tentar al mercado argentino para estas vacaciones. Ubicadas al sur de Cuba y al oeste de Jamaica, son tres las islas que dan forma a este territorio Británico de Ultramar: la principal que es Gran Cayman, Cayman Brac y Pequeña Cayman. Lo más interesante es que de julio a diciembre hay precios promocionales de temporada baja, y planes de comida y excursiones que permiten al viajero argentino contratar y pagar ran parte de los servicios turísticos antes de partir. Aquí, algunas de sus propuestas para disfrutar:
LA MEJOR PLAYA:


Vacaciones en las Islas Cayman
La paradisíaca playa de “Seven Mile” está rodeada de hoteles y restaurantes y se ubica cerca de 3 Km de Georgetown, la capital.
Créditos: Oficina de Turismo Cayman


 Las playas son, por supuesto, su gran atractivo. En Gran Cayman se encuentra "Seven Mile" (Siete Millas), una playa de 9 kilómetros, muy cerca de GeorgeTown la capital de las islas, famosa por sus aguas de color turquesa y una arena extremadamente blanca. Es una de las mejores 5 playas del Caribe. Esta zona se disfruta de día y de noche ya que ofrece bares, restaurantes, varios hoteles y centros nocturnos.

NADAR CON RAYAS: 

Vacaciones en las Islas Cayman

La excursión más popular de Cayman es Stingray City, un banco de arena en el medio del mar para nadar con rayas.


 Una de las excursiones más populares es Stingray City, un banco de arena en el medio del mar en el que los visitantes son invitados a bajar de la embarcación, moverse entre mantarrayas, darles de comer y acariciarlas. Un dato: lo mejor es ir bien temprano por la mañana.

HISTORIA DE TORTUGAS:

 Turtle Farm -o la granja de tortugas- es un paseo ideal para la familia. Este parque temático marino no sólo tiene un criadero de tortugas marinas, sino también un acuario con tiburones, un aviario y un recinto con iguanas. La tortuga está íntimamente vinculada con las islas ya que, cuando Colón las descubrió en su cuarto viaje a América, las bautizó "Islas Tortuga" por la gran cantidad de ejemplares de esta especie. Cuentan que en 1586, Francis Drake les cambió el nombre por Cayman Islands.

BAJO EL AGUA: 

Meca de buceadores, aquí hay variedad de escenarios para ellos, desde arrecifes de poca profundidad con bancos de peces, hasta paredones escarpados y barcos hundidos. Sólo en Gran Cayman hay 159 puntos de inmersión. Aunque la isla Pequeña Cayman cuenta con el Parque Marino Bloody Bay Wall que, conocido por sus desniveles y pasos submarinos, la convierten en uno de los mejores lugares del mundo para bucear.


Colombia, historias de oro, selva y mar


Colombia, historias de oro, selva y mar

La naturaleza de Tayrona, junto al 

Tres altas cordilleras que separan el país en muchos valles -las "sabanas" colombianas- con identidad propia. Costas sobre dos océanos, el Atlántico y el Pacífico. Un gran río, el Magdalena, que corre de norte a sur desde el Caribe a las montañas y fue la vía histórica para adentrarse en Colombia: lo navegaron todos, indígenas, españoles y los soldados de Bolívar en la guerra de independencia. Todo eso se intuye desde el avión que aterriza en Bogotá, aunque para otro viaje quedarán las haciendas cafeteras en las alturas de Manizales y Pereira -hacia el Pacífico- igual que el sueño de conocer Medellín y Cali, ciudades que hoy luchan contra sus propias leyendas. Como el café, que en su mejor combinación tiene un sabor que es al mismo tiempo dulce, ácido y amargo en un delicado equilibrio, Colombia se presenta al viajero desde las alturas andinas de Bogotá -ubicada a 2.600 metros sobre el nivel del mar- en su cara más cosmopolita. Una ciudad moderna con ocho millones de habitantes y un tránsito endiablado. Una ciudad orgullosa del pasado colonial español y de la herencia de los antepasados indígenas -para muestra, allí están el barrio de La Candelaria y el Museo del Oro-, donde no faltan restaurantes exclusivos, centros comerciales al estilo Miami, santuarios, museos, conventos e iglesias, barrios bohemios y las obras de Fernando Botero.
Luego, el sabor de Colombia se hace más denso hacia las "tierras calientes" del Caribe, con un viejo encanto amurallado en Cartagena, el sitio más frecuentado del país por turistas de todo el mundo. Ese sabor se percibe también entre las plantaciones de bananas y palmeras que rodean la ciudad de Santa Marta, al pie de la Sierra Nevada. Por allí está el Parque Nacional Tayrona, que resguarda playas vírgenes. Y la Ciudad Perdida de la etnia tayrona, oculta a gran altura en la sierra. Esta es una región que el escritor Gabriel García Márquez transformó en mito. Su pueblo natal, Aracataca, está a 80 km al sur de Santa Marta, enclavado en la zona bananera donde reinaba la United Fruit en la década de 1920. El gran puerto bananero era Santa Marta, la del vallenato ("tiene tren pero no tiene tranvía"), que le toma el pelo a aquellos que trajeron una locomotora pero nunca los necesarios rieles.
Bajo el sol de Bogotá

"Se le escapó el estrato", dicen en chiste los bogotanos para referirse a quien revela sin darse cuenta -con una palabra de más o de menos- en qué barrio vive. Ocurre que en la década de 1980 la ciudad fue dividida en áreas socioeconómicas, para fijar tarifas diferenciadas en los servicios públicos. Los más humildes viven en el sur de Bogotá, que corresponde a los estratos 1 al 3. La clase media corresponde al estrato 4 y los más ricos -estratos 5 y 6- viven en el norte. Nuestro guía, Jorge León, cuenta que un sueldo promedio ronda los 650 dólares, una matrícula en la Universidad de los Andes cuesta 8.000 dólares y un auto chico, 18.000 dólares. Los ómnibus del sistema TransMilenio son parte del paisaje, igual que miles de autos y motos. Por eso el consejo es alojarse en un hotel céntrico, ya que se demora mucho en los traslados.
Como sea, una manera de orientarse rápido es mirar hacia el este, a las alturas de la Cordillera Oriental colombiana. Las zonas más interesantes de Bogotá siguen la cordillera, de norte a sur. Hay un ómnibus turístico para recorrer la ciudad (www.turisbog.com).
Con identidad propia, La Candelaria ocupa el área bordeada por la avenida Jiménez de Quesada, -el nombre recuerda al conquistador español que fundó Bogotá en 1538- y las iglesias, palacios de gobierno y museos se concentran junto a la Plaza de Bolívar. Hacia el noreste corre "el centro", barrios como El Chapinero y La Merced, con casas de estilo inglés y ambiente bohemio, igual que el barrio La Macarena. Más al norte, en la Zona Rosa, están los shoppings, restaurantes y hoteles más caros. Usaquén era un pueblo de las afueras y hoy es un barrio conocido por sus tranquilas plazas, sus bares y la feria de fin de semana. Está en camino a la "catedral de sal" de Zipaquira -ubicada a 30 km de Bogotá- que fue tallada dentro de una mina de sal. Allí se baja a 180 metros de profundidad, hay 14 estaciones del Vía Crucis, una gran cúpula y la imponente nave central de la catedral. Otra opción está a 75 km al norte de Bogotá, es la Laguna de Guatavita: un lago sagrado de la cultura muisca, ubicado a 3.100 metros de altura. Allí nació la leyenda de El Dorado, por el ritual de coronación de los caciques con ofrendas de oro y esmeraldas, en una barca ceremonial.
Con sus casas coloniales de dos pisos, techo de tejas, mucha madera y rejas de hierro forjado, el barrio La Candelaria es el sitio donde nacieron las luchas de independencia en 1810. Aquí, los franciscanos y los jesuitas crearon colegios y monasterios que le dieron fama a Bogotá como centro universitario. Los palacios de la Corte Suprema, la Alcaldía, el Palacio Arzobispal y el Museo de la Independencia rodean la plaza Bolívar. Detrás del Capitolio está la sede presidencial Palacio de Nariño, que guarda una gran colección de arte moderno colombiano. La catedral, reconstruida en 1823 en estilo neoclásico, conserva un altar en plata labrada y un coro esculpido en madera de nogal, además de pinturas de Gregorio Vásquez de Arce, el más célebre pintor de la época colonial, cuyas obras también se pueden apreciar en el cercano Museo de Arte Colonial. Frente a la Plazuela de Rufino Cuervo está la casa de la amante de Bolívar, Manuela Sáenz, allí está hoy el Museo de Trajes Regionales, con ropas típicas de los pueblos originarios. Enfrente está el Palacio de San Carlos: el 25 de septiembre de 1828 Bolívar escapó de allí por una ventana -señalada ahora para los turistas- porque querían asesinarlo. Manuela Sáenz lo ayudó a salvar su vida.
A pocos metros está el imponente Teatro Colón, el más prestigioso del país. La Casa de la Moneda data de 1620 y fue la primera en acuñar monedas de oro y plata en Sudamérica, aún se pueden ver aquí las máquinas acuñadoras. Este edificio comparte su espacio con el Museo Botero, las obras del artista se exponen junto a otras de Picasso, Monet, Dalí y Miró. No muy lejos está el Centro Cultural García Márquez y la célebre librería "Yerbabuena", frecuentada por la bohemia literaria bogotana.
Probablemente la mejor vista de Bogotá está en el cerro Monserrate. a 3.152 metros de altura. Se sube con funicular y arriba, además del santuario religioso, hay un mercado popular y restaurantes. Al pie del Monserrate está la Quinta de Bolívar, una espléndida mansión colonial con jardines para pasear, que guarda testimonios de la vida y las batallas del libertador.
Cartagena mágica

"Me bastó dar un paso dentro de la muralla, para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer", escribió Gabriel García Márquez en "Vivir para contarla", su libro de memorias. El gran escritor llegó en 1948 a Cartagena, "el corralito de piedra", como la llaman aquí. Los señoriales palacios y conventos lo fascinaron como escenario de sus ficciones más románticas: los amores de Fermina Daza y Florentino Ariza en "El amor en los tiempos del cólera" y la pasión de la marquesita Sierva María de Todos los Angeles en "Del amor y otros demonios". Por la Calle de la Media Luna vio pasar a Simón Bolívar triunfante en "El general en su laberinto". Hoy existe un recorrido temático por la ciudad amurallada, "La Cartagena de García Márquez"(www.tierramagna.com) con 35 paradas que los turistas, a pie, miran con audioguías y algo de radioteatro. Para el escritor, el sitio más nostálgico era el muelle de la Bahía de las Animas, donde estuvo el mercado central: "Con lo que allí escuchábamos mientras comíamos hacíamos el periódico del día siguiente", anotó. Ese muelle es hoy un paseo costanero que aloja el Centro de Convenciones, donde estuvieron Bill Clinton y Barack Obama, entre otros. No muy lejos, los cruceros turísticos van y vienen desde Miami. El corazón colonial de Cartagena -fundada en 1533 por el español Pedro de Heredia- está encerrado entre los 12 km de sus murallas. El "centro" es un laberinto de calles empedradas, plazas, iglesias, casas de colores vibrantes -amarillo, azul- que fueron mansiones cuando Cartagena era una plaza fuerte asediada por piratas ingleses y franceses, donde convivían aristócratas criollos, encomenderos, soldados y esclavos africanos.
El barrio de San Diego y la Plaza de Santo Domingo son íconos de la ciudad, mientras el barrio de Getsemaní ahora ve cómo se reciclan sus humildes casonas, valuadas en millones de dólares. Dicen por aquí que los argentinos son entusiastas de Cartagena. Que siempre vuelven a la Puerta del Reloj, el Teatro Heredia, la Plaza de los Coches, la plaza de Las Bóvedas, el castillo de San Felipe, la casa de García Márquez, la Catedral, la iglesia de San Pedro Claver, el Palacio de la Inquisición, la casa del Marqués de Valdehoyos, la plaza de Bolívar y el viejo convento de Santa Clara transfigurado en hotel. Que frecuentan la tienda "El Centavo Menos" -está allí desde 1933- y el "Café del mar", a la hora de la caída del sol en las murallas.
Algunos eligen pasear de noche en un coche de caballos. Otros se fotografían ante "el monumento a los zapatos viejos", un bronce inspirado en "A mi ciudad nativa", del poeta cartagenero Luis Carlos López (1879-1950). Con ácida melancolía, allí escribió: "Pues ya pasó, ciudad amurallada, tu edad de folletín/Las carabelas se fueron para siempre de tu rada/¡Ya no viene el aceite en botijuelas!/ Fuiste heroica en los años coloniales/cuando tus hijos, águilas caudales, no eran una caterva de vencejos./Mas hoy, plena de rancio desaliño, bien puedes inspirar ese cariño que uno le tiene a los zapatos viejos".
Santa Marta y más allá

Un perfecto día de playa en el mar Caribe puede tener más de un escenario. Habrá quien prefiera cruzar desde Cartagena a la cercana isla de Barú para pasar el día en un típico hotel de playa. Otros tomarán la ruta Troncal Caribe para hacer 209 km al norte hasta Santa Marta, fundada en 1525 por Rodrigo de Bastidas. Simón Bolívar murió aquí en 1830 refugiado en la Quinta San Pedro Alejandrino -hoy es un museo- con el sueño de la Gran Colombia hecho añicos por la historia. En el casco antiguo de la ciudad se lucen la Catedral y la Casa de la Aduana. La playa El Rodadero convoca tanta gente como el paseo por el malecón, ante la bahía de Santa Marta y el faro de El Morro. Desde aquí, por 144 dólares por persona, hay excursiones al pueblo de García Márquez, Aracataca (www.oroverdeturismo.com) para ver su casa natal transformada en museo, la tumba de Melquíades, la "casa del telegrafista", una estatua de Remedios la Bella, la estación del tren y el bar "La hojarasca".
Las playas casi vírgenes, como La Piscina o Cabo San Juan de Guía, están ocultas en los senderos del Parque Nacional Tayrona ubicado a 34 km de Santa Marta. Hay servicios de ómnibus hasta la entrada. Ya en el parque, se puede alquilar un caballo o andar 7 km entre palmeras y monos aulladores, casi junto al mar, hasta llegar al Cabo San Juan: allí hay miradores con hamacas, un camping y vistas inolvidables. Es un itinerario popular entre mochileros. Y quienes quieran pagar 450 dólares por una noche, pueden alojarse en unas exclusivas cabañas (www.aviaturecoturismo.com).
Para los turistas cinéfilos se ha diseñado "Taironaka", un paseo creado por el ecologista Francisco Ospina Navia en 2008. Está a 57 km de Santa Marta y allí se filmaron escenas de "La misión" en 1986. El dueño reconstruyó milenarias terrazas, casas rituales y caminos de piedra de la cultura tayrona. El río Don Diego corre aquí entre raras especies de flores y árboles, como el alto y verde Macondo, otra manera de evocar a García Márquez. Para los más intrépidos, dispuestos a pagar US$ 320 por persona (www.turcol.com) queda la aventura de trepar por la Sierra Nevada a 1.200 metros, en cinco días de marcha, hasta llegar a la Ciudad Perdida de los tayrona. En 1976 los arqueólogos redescubrieron sus terrazas, canales de riego y murallas, testigos de una gran cultura. Como otros paisajes inesperados de Colombia, es un eco que viene del pasado.


domingo, 8 de febrero de 2015

El Pacífico mexicano


El Pacífico mexicano
La bella playa de Litibu

Ni la Perla Peregrina, ni el diamante Krupp, el Taj-Mahal o el Taylor-Burton. De todas las joyas que Richard Burton le regaló a Elizabeth Taylor, la que más brilla es la residencia conocida como Casa Kimberly, en Puerto Vallarta, México. No hay piedra preciosa que se compare con la luz de los sofisticados atardeceres sobre el Pacífico que se ven desde allí. El actor se la obsequió cuando ella cumplió 32 años, en plena ebullición del romance que habían iniciado un año antes durante el rodaje de la película Cleopatra. En 1964 él se trasladó a Vallarta -y Liz lo acompañó- para filmar La noche de la iguana bajo las órdenes de John Huston (otro enamorado de estas playas), y la pareja encontró en este rincón del mundo su paraíso más privado y perfecto.
Esta es una de las historias que desde hace décadas recorre con más énfasis el horizonte de postal de Bahía de las Banderas, sobre la costa del Pacífico, y la que más alimentó las oleadas de viajeros que hicieron de este destino turístico un clásico al margen de los clásicos mexicanos.
A lo largo de 161 kilómetros de playas, Bahía de las Banderas concentra sus polos turísticos desde Riviera Nayarit al norte hasta Puerto Vallarta al sur, un dos por uno que ya hubiésemos querido los argentinos. Se trata de una de las bahías más profundas del mundo (más de 900 metros), con lo que hasta la ballena jorobada, que entre diciembre y marzo viene a reproducirse y a tener sus crías en estas aguas, regala un espectáculo extra para los turistas. Con sus olas templadas (hay que derrumbar el mito del Pacífico helado), sus lluvias que parecen amaestradas para caer sólo durante la noche, su geografía de montañas, ríos, océano y tequila, y la simpatía religiosa de los patas salada (como se conoce a los lugareños), Bahía de las Banderas hasta ofrece más posibilidades que sus parientes turísticos del Caribe, con opciones de alojamiento que van desde las más modestas hasta el lujo extremo.
La armonía de los opuestos


El Pacífico mexicano
La ballena jorobada se puede observar entre diciembre y marzo.


Imponerse como uno de los más nuevos y modernos destinos para las vacaciones no le resultó difícil a esta franja del Pacífico mexicano. La Riviera Nayarit combina los resorts, condominios y hoteles más lujosos y equipados, con la cálida sencillez y bohemia de los hostales y albergues que se desparraman en sus pueblos más autóctonos y tradicionales como Bucerías, Sayulita, San Pancho, Punta de Mita o la minúscula pero pintoresca Isla de Mexcaltitán.
La Riviera Nayarit se extiende desde el norte de Bahía de las Banderas hasta San Blas, y a lo largo de ese trayecto se puede hacer escala en una sucesión de destinos que sobresalen por su carácter propio. El moderno Nuevo Vallarta es el centro turístico que concentra todo, desde tiendas de diseño y reconfortantes spas de primer nivel, hasta hoteles como el Grand Velas Riviera Nayarit o el Marival Residences, que apuestan al confort extremo y a la gastronomía internacional. En una enumeración insuficiente, se puede comenzar un recorrido por San Pancho (San Francisco en su denominación oficial, que casi nadie usa), una de las zonas con mayor conciencia ecológica de la región. Hay que caminar sus callecitas austeras, detenerse en el sorprendente centro comunitario Entre Amigos que vende todo tipo de artículos reciclados (macetas, vasos, bolsos, lámparas, ropa) gracias a un innovador proyecto comunitario y medioambiental; y por qué no desayunar en el bistró orgánico del hotel boutique Cielo Rojo (apenas 9 habitaciones sin TV y con todo hecho con material reciclado), donde no será raro cruzarse con algún argentino degustando una quesadilla de vegetales salteados o frijoles rancheros (la gastronomía mexicana merece una enciclopedia aparte). Y claro, llegar hasta la playa para el chapuzón de rigor.
En esta tierra de contrastes, el color de la arena o del agua del mar ofrecen una sinfonía de tonos diversos y cambiantes gracias al efecto que producen los siete ríos que bajan hasta la bahía. Por eso cada lugar tiene algo que lo distingue. Las playas de Sayulita, por ejemplo, son las preferidas de los surfistas; ellos le confieren al lugar un aire cosmopolita que sin embargo no abandona la tradición local en sus múltiples bares y cafés, así como en sus tiendas de artesanías y su oferta de comidas típicas. Con sus calles empedradas y su espíritu bohemio, también vale la pena pasar una noche en las rústicas cabañas frente al mar.
El Pacífico mexicano

Atardecer en el malecón de Puerto Vallarta

Claro que no todos los turistas prefieren la belleza de las cosas simples. Riviera Nayarit tiene para aquellos otros una propuesta abundante a la hora de buscar las caricias del confort y de la aventura controlada. En Punta de Mita anclaron varias de las cadenas hoteleras más importantes del mundo, como Four Seasons y St. Regis, que aquí disponen de resorts dignos de un jeque árabe. Playas privadas, piscinas climatizadas, terrazas con atardeceres propios en casas y departamentos totalmente equipados y una gastronomía de altísimo nivel. El mismísimo presidente Enrique Peña Nieto se refugió aquí para sufrir en privado el partido donde Holanda eliminó a México en el último Mundial de Fútbol.
En estos oasis que superan las cinco estrellas, no podían faltar los campos de golf. El complejo Punta Mita Pacífico tiene para los amantes de este deporte un as en la manga, o más bien un hoyo inesperado: el 3B (conocido como "Cola de Ballena"), único en el mundo por tener su green sobre una isla natural a la que se llega con un vehículo anfibio.
La joya de la corona, sin embargo, está en las Islas Marietas. Vale la pena contratar un paseo para hacer snorkel, buceo u observar la imponente variedad de aves que regalan un espectáculo natural increíble. Pero nada se compara con una visita a la mundialmente famosa "Playa Escondida", a la que sólo se accede sumergiéndose en el mar para ingresar en un escenario de película, y eso es quedarse corto. Atravesar las aguas transparentes, escoltado por peces de colores para emerger en una playa generosa rodeada de un laberinto de cuevas donde el mar ingresa con el ímpetu de una coreografía asombrosa, justifica todo el viaje.
La reinvención de un clásico

El Pacífico mexicano

Campo de golf en Punta Mita


Cuando un destino turístico se ha consolidado, no hay manera de quitarle el trono, ¿o sí? Antes de averiguar la respuesta, hay que decir que Puerto Vallarta ha logrado reacomodarse a los nuevos tiempos sin perder su identidad. Por un lado, se instaló como un lugar familiar y gay friendly a la vez, con múltiples propuestas para unos y otros y para todos juntos. Pero la apuesta más fuerte hoy pasa además por los paquetes de bodas que ofrecen desde los hoteles más pequeños hasta las grandes cadenas. ¿Quién no ha fantaseado con casarse en la playa, en un atardecer para la perpetuidad de las fotos y con todo resuelto? Ofertas que incluyen traslados y alojamiento para familiares y amigos invitados son el nuevo boom del lugar, y hasta puede resultar más económico que un casamiento tradicional con sus pompas y circunstancias.
Puerto Vallarta tiene una plaza hotelera de 33 mil habitaciones, más de 300 restaurantes y decenas de comercios y atracciones que contemplan el disfrute, el relax y el entretenimiento para todas las edades y todos los estados civiles.
Tiene playas, pero también historia; posee la idiosincrasia de la cultura mexicana, pero también los latidos que le trae el mundo. Eso se percibe sin disimulo en la zona céntrica, que se recorre fácilmente a pie. Dividido por el río Cuale, tiene dos áreas muy diferenciadas: el Viejo Vallarta y la Zona Romántica, donde se encuentra la Playa Los Muertos, ideal para un paseo nocturno. Hay desde bodegones hasta restaurantes sofisticados, como el Café des Artistes, uno de los más bonitos de Puerto Vallarta y con una de las bodegas mejor equipadas.
En el Viejo Vallarta las calles empedradas marcan el camino hacia arriba, desde el mar. Es el área más tradicional del centro y la que alberga uno de los símbolos más representativos de Vallarta: la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.
El Malecón, adornado con estatuas y grupos escultóricos que ya son parte de su horizonte de postal, como la de su conocido Caballito de mar, es el punto de reunión de la vida local, sobre todo los domingos al atardecer. Tiendas de un lado, bares del otro, el paseo sorprende además porque el visitante nunca se cruzará con un cartel de neón: es la única ciudad de México donde están prohibidos. Eso permite que resalte aún más el "estilo Puerto Vallarta", con sus frentes de adobe blanco, techos de tejas rojas, decoraciones en hierro forjado y paredes de piedra. Ese estilo colonial que encandiló a Richard Burton y Liz Taylor.
Las vistas más hermosas de la ciudad se logran desde El Faro que está a pocas cuadras del centro, o yendo hasta el mirador Conchas Chinas, que ofrece una vista panorámica. Si de playas se trata, la más popular de Puerto Vallarta es la Playa de los Muertos (llamada así no porque se ahogue nadie, sino porque se dice que las tribus indígenas tenían un cementerio muy cerca de ahí) y está a corta distancia del Malecón e integrada a la Zona Romántica.
En el corazón del centro histórico, casi escondida, está la Isla del Río Cuale, envuelta entre dos brazos del curso de agua. Tiene varios accesos, como el que arranca desde el River Café (un clásico que ya lleva casi 20 años con un menú que combina la cocina internacional con la gastronomía local) o los puentes colgantes que llegan desde el inmenso y laberíntico Mercado de Artesanías, que le dan un toque colorido y bullicioso a este paseo ineludible.
Para alejarse del mundanal ruido, aunque uno se hospede en los hoteles más renombrados como el Secrets Vallarta Bay Resort o el Sheraton Buganvilias, existen otros menos suntuosos pero igual de amables como el Costa Sur, donde la montaña se junta con el mar y se puede ir a comer en sus magníficas terrazas al lado del mar o a pasar el día en su playa con actividades acuáticas que incluyen snorquel y buceo entre peces de colores y vegetación submarina.
En materia de excursiones, los más chicos estarán de fiesta a bordo del barco pirata Marigalante, una réplica exacta de la Santa María de Colón que fue fabricada en el Puerto de Veracruz para conmemorar los 500 años del descubrimiento de América. Una travesía para ocupar el día entero mientras una tripulación de piratas entretiene a los niños, hasta llegar a una playa virgen para más actividades acuáticas, con refrescos y almuerzo incluido para pasar todo un día de aventura y diversión. Porque al fin de cuentas, de eso se trata.